El novelista es un blog creado tanto para escritores/as como para lectores/as.

Tiene la finalidad de crear un cóctel de microrrelatos, de distintos géneros, creando así una comunidad de relatos cortos para cualquier lector/a.

10.7.11

El capitán macarrón.


Agua, solo agua veíamos durante días, perdidos por el mayor temor que todos los marineros desde siempre tenemos, la niebla nos alcanzó hace días y nos perdimos, estábamos a la deriva durante tantas noches, que las estrellas ya no nos guiaban, y la única brújula que subió a bordo, la perdimos en una batalla contra un barco de la armada española, mas conocida como la invencible. Para nuestra fortuna, apenas tenía tripulación, al parecer la misión no era más que enviar una carta con información muy privilegiada a un noble británico, afortunadamente, era el único que sabía leer y escribir en todo el barco, bueno, yo y el prisionero que dejaron con vida por tener dicha carta. El capitán le hizo leerla y me hizo verificar que lo que decía aquel hombre, llamado Miguel, era cierto y no ocultaba palabra alguna.
Como fue sincero, le perdonaron la vida, a cambio en un futuro no muy lejano pedirían un rescate por aquella vida, y podrían cobrar bastante por su cabeza, pues si tenía aquella información, por algo sería, y por mucho que jurase que no era más que un pobre escritor, del cual solo un libro se podía decir que había vendido más de diez tomos, nadie le creyó, ni siquiera yo. ¿Cómo podría nadie si no era noble tener tal información?
Pasaron semanas, perdimos incluso la esperanza de encontrar tierra, el timón, ya nadie lo tocaba, y muy pocos lo miraban, el viento era en esos momentos su dueño. Con suerte, otro barco abordaría el nuestro, y ya fuera pirata o no, nos matarían para robar los tesoros, que ahora ya no queríamos ninguno, y los daríamos por unas gotas de agua, cereales, fruta fresca… todo nuestro botín lo daríamos por una comida, pues escaseaban ya los alimentos, la mayoría de la fruta empezaba a pudrirse, la carne atraía a las moscas, el pescado era lo único fresco del barco, pero pescábamos muy poco para los que éramos.
Otra noche atraía la luna, miles de estrellas la acompañaban, pero no nos guiaban, parecía que con el tiempo, fueran otras, que cambiasen como nunca antes lo habían hecho, incluso alguna aparecía y se volvía a ir en apenas un instante, era tan breve ese momento, tan fugaz, que si parpadeábamos no la veíamos. Tirados, todos ya por el barco, boca arriba, mirábamos las estrellas. Para sorpresa de todos, Miguel se levantó, todos le miraron con tensión por si intentaba escapar, entonces empezó a hablar, su voz grave tranquilizó a todos, incluso al capitán. Nadie supo nuca si lo que dijo era improvisado o lo tenía en mente desde hacía tiempo, pero nos habló de las estrellas, todos escuchamos, incluso alguno se durmió mientras hablaba.
Al amanecer, le veíamos de otra manera, hablaba de manera muy sutil para estar entre nosotros, pero ya no era prisionero, era uno de nosotros, hasta tal punto que se metió en cocina para ver como se cocinaba en un barco sin prenderlo fuego, le fascinó tanto, que sin decir palabra fue directo a hablar con el capitán, nadie supo hasta que se vieron de frente hacia donde iba, ni para qué, pero al parecer tuvo una idea más que brillante mientras veía la comida pudrirse.
El capitán entró en cocina con Miguel, y le pidió una prueba, éste cogió cereales, legumbres y agua, lo mezcló y batió hasta formar una pasta, que dejó muy fina, dejó secar al sol, se quedó muy dura así que la rompió en pequeños trozos, metió a hervir, al sacarlo añadió carne frita y tomate triturado, lo probó y le encantó, después dio a probar al capitán, a éste le fascinó la idea de tener una forma en que la comida no se le podría pudrir y además estaba muy agradable al paladar
-¿Cómo se llama?- dijo el capitán a Miguel.
-Pasta- Respondió.
-¿No le pondrás tu apellido a este alimento Lord…?
-Saavedra, de Cervantes Saavedra.
-Lord Miguel De Cervantes Saavedra.
-No, esta vez no.
-Entonces tendrá el mío, Macarrón.- Acto seguido el capitán cogió su sable y le cortó la mano al prisionero.
-Ni cocinero, ni escritor como dijiste, Lord, eres noble y no un don nadie como dijiste, cobraremos el rescate y enviaremos tu mano como prueba de que te tenemos prisionero hasta que recibamos el dinero.
El capitán se equivocó, era un don nadie, un simple escritor, su barba se encanó y nunca cobramos rescate. Un día nos despertamos y simplemente no estaba. Recordaré su nombre por que al llegar a tierra, ví un libro que había escrito él, lo robé, lo leí y lo vendí. Nunca más ninguno de nosotros supo nada más sobre él.

Escrito por: PedrOrtnyo.

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