El novelista es un blog creado tanto para escritores/as como para lectores/as.

Tiene la finalidad de crear un cóctel de microrrelatos, de distintos géneros, creando así una comunidad de relatos cortos para cualquier lector/a.

1.10.11

A miles de estrellas cósmicas.

Y sin quererlo llegó, fue algo inesperado y desde luego fue algo que pensaba que controlaba. Lo había plasmado miles de veces sobre una hoja blanca, fría, sin sentimientos. Lo había imaginado tantas veces como estrellas hay en el cielo, pero nunca había sido la protagonista. Cansada de imaginar, de crear magia con palabras, magia que ansiaba vivir con todas mis fuerzas, con cada parte de mi ser, llegó. Ojos marrones como el chocolate más dulce que había probado, sonrisa que producía cosquillas y voz grave. Ese era el conjunto de cosas que me nubló la razón que despejó mi cielo y que se coló en mi pequeña caja de memorias, desterró a las otras y se quedó reinando en aquel pequeño lugar. Desde aquel momento solo quise conocer esas tres cosas, pero aquellas cosas parecían vivir en otro planeta.
Dispuesta a convertirme en astronauta para recuperarlas, me calcé mis mejores botas y empecé a caminar. La realidad me ataba al suelo ya que en aquel lugar no había gravedad, aunque el chocolate de tus pupilas me ayudaba a volar.
Volar, eso era lo que hacía cada vez que mi mirada se cruzaba con tu sonrisa, notaba como poco a poco me estaba despegando del suelo y no había techo para pararme solo un puñado de palabras sin magia conseguían pegarme de nuevo a la superfície helada, pero cada vez que alguien conseguía bajarme de aquel vuelo, cada vez, aterrizaba con más fuerza, cada vez me hacía más daño.
Y aún estoy así, moviéndome a una galaxia de ti, a miles de estrellas cósmicas que no impiden que deje de mirarte.

30.9.11

Las doce de la noche...

Avanzaba con miedo hasta la habitación. Podía oír como mi corazón latía y como la respiración se entrecortaba. Cada paso dado crujía sobre el parqué antiguo. Sin dejar de mirar hacia atrás, con pequeños movimientos de cabeza, leves aunque rápidos, deseaba llegar a la puerta de mi destino. Temía por encontrarme algo inesperado. Aquella llamada a las doce de la noche, aquella casa abandonada la de nuestro reencuentro, me provocaban numerosos escalofríos. El crujido de la madera bajo mis pies era cada vez más frenético e insoportable. Cada vez quedaba menos, sin embargo, por cada paso dado, por cada porción de aire inhalado, mi miedo aumentaba extremadamente. Odiaba este lugar, gracias a sus estúpidas leyendas, nunca me atreví a pisar aunque fuera las baldosas de la puerta, pero toda esta aventura nocturna empezó por culpa de él. Comentó que era urgente, demasiado como para pasarlo por alto, por lo tanto aquí estoy. En medio de la oscuridad, con tan solo una pequeña luz proveniente de una ventana rota, en un cuarto lejano.
Decido no volver a mirar hacia atrás, después de diez minutos vigilando la zona, llego a la conclusión de que nadie me está siguiendo, pero... ¿entonces por qué tengo esa extraña sensación de agobio e inseguridad? Intentando ignorar el crujido de la madera húmeda y vieja, sonreí para mis adentros para así intentar relajarme pues quedaban menos de diez pasos. Volví a mirar detrás mía, ¿pero qué me pasa? 
Me paro en seco pues acabo de oír un ruido extraño, algo parecido a un arrastre de pies. Como si de un viejo enfermo o de un drogadicto se tratara. Trago saliva en seco intentando así calmar mi garganta, pues está a punto de expulsar ciertos gritos que dejarían sorda a cualquier persona que no pueda oír. Tras dos segundos de vacilación, seguí hacia delante pegada contra la pared oscura de la suciedad y el musgo acumulado, pero no me importa. Avanzaba con miedo como si caminara sobre clavos puntiagudos. Cinco pasos más y llegaré al cuarto indicado. El último del pasillo a la derecha. ¿Por qué tanta precisión pedida? A veces pienso que es tan raro... Pero no tengo tiempo de discutir conmigo misma acerca de su personalidad, por lo tanto me centro en la misión. 
Miro hacia los dos lados al llegar enfrente de la puerta. Una puerta de madera más oscura que la pared con una gran cicatriz desde arriba hasta la mitad. Todo tan extraño, tan oscuro... Coloco mi mano lentamente en el pomo de la puerta. Volví a mirar ese pasillo largo que acababa de recorrer por si el viejo vuelve a dar señales de vida. A veces soy tan patética. Centré mi vista de nuevo en esa puerta tan personificada y tras cinco segundos de meditación a las doce de la noche, la abrí con miedo. Con cada centímetro que la puerta recorría para así abrirse, mis oídos sufrían la sinfonía de su ruido, mucho más insoportable que el de la madera. Al estar abierta, miré una parte de aquella habitación llena de velas pequeñas y rojas. Sonreí para mis adentros imaginándome la sorpresa esperada, sin embargo, todo cambió cuando mis ojos vislumbraron el cuarto entero. 
Grité con todas mis fuerzas. Sentí como el corazón se me salía por la boca, como cada órgano se destruía en mi interior. Mis uñas penetraban en las raíces de mi pelo pero nada, nada era tan doloroso como aquella imagen. Les pedí a mis piernas que hicieran el máximo esfuerzo para dirigirse hasta la nota dejada en el suelo, pero eso me costó bastante. Seguía llorando mientras me arrastraba hasta aquel papel con manchas rojizas. “ No olvides que te quiero... siempre te querré.” Cada palabra actuaban como espadas introduciéndose vivamente en mí. Me tumbé en el suelo junto a él sin dejar de llorar y gritar. Eran las doce de la noche, pero que importaba... era la hora en la que mi novio se suicidó, una hora que marcó un antes y un después en mi vida.

12.7.11

No supiste leer entre líneas.

Y aunque te dije que no me importaba, que me daba igual, no supiste leer entre líneas, leer mis miradas o escuchar mis susurros, porque en aquel momento no era completamente yo, estaba vistiendo una careta, que solo me quito cuando nadie me ve y cuando tú te vas.
Porque me cansé de ser te indiferente, de no importarte, por eso he tenido que hacerme la dura, hacer un papel, cuando lo que más me apetecía era abrazarte, decirte que no te fueras, que pensaras, que no fueras egoísta, pero lo fuiste.
Porque la realidad me golpeó en la cara y me heló la sangre, porque tuve que buscar entre mis recuerdos para encontrar una sola razón para continuar, por tantas cosas...
Porque viniste y lo pusiste todos patas arriba, me hiciste perder la razón, la guardé en un bolsillo y se quedó allí perdida, dejé de llevar reloj, dejé de dormir por las noches y de cantar por las mañanas, caminaba solamente por las cosas de un solo color y me hiciste coger miles de manías estúpidas.
Recuerdo como te gustaban mis vestidos, te perdías en cada pliegue de ellos y rozabas cada botón delicadamente. Odiabas mis calcetines de lazos marrones, pero con el tiempo supiste quererlos, como supiste quererme, como aprendí a quererte.


Escrito por: Mireille Nolan.