El novelista es un blog creado tanto para escritores/as como para lectores/as.

Tiene la finalidad de crear un cóctel de microrrelatos, de distintos géneros, creando así una comunidad de relatos cortos para cualquier lector/a.

26.2.11

Encantada.

Hacía tiempo que ni hablábamos, evitábamos las miradas y estar mucho tiempo en el mismo sitio, la situación era tan tensa que, incluso, bajaba la pantalla del portátil para no ver su reflejo en ésta. Los motivos de él los desconocía, ¿cobardía? ¿Sentimiento de culpa? Ni idea, pero yo sí conocía los míos, quería evitar a toda costa volver a sentir esa atracción por él y sabía que si volvía a sonreírme o a bromear conmigo, algo dentro de mí caería rendida de nuevo a sus pies. Porque inevitablemente, me seguía encantando. 
Era esa combinación de chico malo y bueno, de rebeldía y responsabilidad, era el chico de la sonrisa pícara y los besos dulces, el que te daba un abrazo cinco minutos después de haber herido tus sentimientos, el que hacía mal las cosas, pero siempre te pedía un perdón sincero... Todo había terminado mal y aunque dijimos de ser amigos, yo necesitaba esa barrera, necesitaba dejar de verlo para desencantarme de su hechizo, pero un día él me sonrió y todo mi interior se puso patas arriba.
Volvió a hablarme y bromear conmigo como antes, llamaba mi atención constantemente y aunque yo quería odiarle, al final siempre le seguía el rollo. Después me sentía como una estúpida, como si él siempre consiguiera hacer conmigo lo que le viniera en gana y yo me dejaba. Pero cuando volvía a verle no dudaba en devolverle la sonrisa o las bromas, me encantaba que llamara mi atención, como si me echara de menos. 
Un día, al terminar las clases de la facultad, yo caminaba hasta la parada de mi autobús muy cansada, tanto, que no me había percatado que él iba detrás de mí. Cuando el semáforo se puso en rojo para los peatones él aprovechó para darme un golpecito en la espalda haciendo que me girara. No podía creer que estuviera ahí, conmigo, cuando él iba por otro camino diferente al mío. 
-¿Sabes qué te has equivocado de camino?
-¿Segura? Yo creo que estoy siguiendo el camino correcto-y sonrió de esa forma que él solo sabe hacer.
-No me vaciles, anda-dije con una sonrisa nerviosa y le di la espalda, entonces él cogió mi mano y me obligó a seguirle-¿Pero que haces?
Me llevó al parque que estaba justo al lado nuestro, ese en el cual nos saltábamos horas de clase. Le pregunté más de una vez qué estaba haciendo y otras tantas le exigí que me soltara, cuando el señor lo vio oportuno, me soltó de la mano y se lanzó a darme un beso. Yo no sabía que hacer, había añorado tanto esos labios, ese roce de manos, esa forma de abrazarme con desesperación, como bajaba hasta mi cuello y me rozaba con su barba desenfadada de dos días, esas cosquillas que me producía su respiración en mi oreja. Se puso la carne de gallina y no supe hacer otra cosa que devolverle los besos y las caricias aunque en mi cabeza solo se repetía una y otra vez “tontatontatontatontatonta”. Y yo me preguntaba, ¿tonta por qué? ¿Por dejarme llevar por sus besos que tanto de menos había echado? No era tonta, yo quería eso desde el momento que lo vi y desde que me dejó, entonces algo se detonó en mi interior aún con sus labios sobre los míos. “Te dejó por otra, te mintió, te utilizó y te dejó tirada sin pensar en ti, ¿qué no eres tonta? ¿Estas segura?”
-Para-murmuré mientras me separaba de él-No sigas por ahí. No sé a que viene esto después de haber estado semanas sin hablarme, no entiendo esta actitud tuya, pero déjame decirte que no soy ninguna máquina de autoservicio y que puedes venir a coger lo que te dé la gana cuando te venga en gana. Me diste de lado una vez y no pienso dejarte que lo hagas dos veces, ¿me oyes?
-¿De qué hablas? No digas tonterías-me dijo mientras me cogía de la cintura-Sé que hice las cosas mal antes, pero me he dado cuenta de que no quiero perderte... la gente se equivoca, dame otra oportunidad.... por favor. Te necesito, no dejo de pensar en ti y de tener ganas de estar contigo.
Parecía tan sincero... pero en ese momento recordé todas las mentiras que él me había dicho con tanta sinceridad y que yo me había empeñado a olvidar sin darme cuenta. 
-Tú te equivocas con demasiada facilidad-le espeté alejándome de él-Mira, te comportaste conmigo fatal y lo sabes, fuiste un cobarde y ni siquiera te arrepentiste, me dejaste tirada por otra y ahora vienes, me das un beso y pretendes que olvide todo, si me conocieras sabrías que yo no olvido-sentí la calidez de mis lágrimas y me fastidió que él me viera así, intentó acercarse pero yo me aparté con brusquedad-No, otra vez no, me niego... por un momento habías conseguido confundirme de nuevo, pero por suerte tengo buena memoria y no voy a permitir que me hagas más daño. Tengo mi dignidad y mi orgullo, no vas a venir tú a romper eso...
Me alejé de allí lo más rápido posible, aunque él intentó detenerme, no lo consiguió. Tenía que desencantarme como fuera posible. Un hombre no iba a poder conmigo y menos uno tan cobarde como él. Pero mientras me alejaba y pensaba en lo mucho que lo odiaba, una vocecita surgió y dijo: “¿y si se ha arrepentido de verdad?”

Escrito por: Laura Escobar.

2 comentarios:

  1. off... dios me a puesto la piel de gallina.. xqee siempre viene iien dar segundas oportunidaddes.. asta a ti mismo.. aunquee claroo see perdona pero no se olvida..
    mee a encantadoo
    unn besoo ;)

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  2. Mu ha gustado, muchisimo. Creo sinceramente que está genial, dile a quién lo haya hecho que ¡siga así!

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