El novelista es un blog creado tanto para escritores/as como para lectores/as.

Tiene la finalidad de crear un cóctel de microrrelatos, de distintos géneros, creando así una comunidad de relatos cortos para cualquier lector/a.

11.6.11

Aquí teneis el relato largo de PedrOrtnyo, esparamos que lo disfruteis :)
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Miro, y no solo veo, observo los ojos del anciano que está sentado en su mecedora, quemando tabaco sin fumar, dejando que se consuma sobre el cenicero de cerámica que una vez un carretero le regaló, sin moverse, dirigiendo la mirada en la fría noche de verano hacia el mar, concretamente, más allá del puerto, hacia el horizonte, donde la luna llena aguarda sin mediar palabra, como cada noche en esta estación, y él, mira sin ver nada, recordando lo que quiere olvidar sin perdonarse ni perdonar al mar por lo que, según puedo ver en sus ojos, allí pasó tiempo atrás, cuando el anciano era niño.
Aún recuerda el trágico día que por primera vez vio el mar, y es que hasta los trece años, no salió apenas de las montañas en las que vivía, rodeado del ganado de su familia y vecinos. La idea del agua en tan grandes cantidades, y salada, para él era solo un cuento que su abuelo le contaba de tanto en tanto, el pescado, a sus ojos no era más que un lagarto gigante, maloliente, que su familia comía, con suerte una vez al mes, y el marisco, unos animalitos fantásticos y adorables que su abuela una vez le habló de su existencia, pero ya no recordaba.
Al pasar sus familiares mas ancianos a ser parte del recuerdo, su familia se fue en busca de una vida completamente distinta, vendieron sus rebaños, la cabaña y las tierras que anteriormente fueron del abuelo, compraron una barca, redes y un "palo" algo extraño a sus ojos, tenía enganchado el hilo más fino que había visto. Su madre le explicó qué era y para qué servía, pero el pequeño no entendió porqué era tan distinto pescar en el mar, a pescar en el río, hasta que por fin, un mes después de ir a la parte detrás de un carro, algún que otro caballo y algún tramo, a hombros de su padre, lo pudo ver con sus propios ojos.
Estaba durmiendo a la parte trasera de un carro remolcado por cuatro caballos, dos negros como el tizón, uno blanco como el algodón y el otro, marrón, este último era el único que tenía el pelo largo y suelto, pues los negros tenían el pelo recortado y el blanco tenía una larga trenza hecha por la hija del carretero, que lo acompañaba en todos sus viajes, por que según le dijo días atrás, no tenía madre. La chica era muy morena,al contrario que su padre, que su moreno no era más que el de los brazos, parte de las piernas y rostro facial. En cambio, el moreno de padre e hija, era distinto, eso llamó mucho la atención del pequeño, pues nunca había visto a alguien con la piel tan marrón como el cuero de sus botas. Le fue agradable verla al despertar anunciándole con tristeza el fin del viaje, pues significaba que después de un tiempo, se tendrían que volver a separar, para seguramente no volverse a ver.
El chico abrió los ojos y sonrió, apartó una tela para ver el exterior que le aguardaba y entonces fue cuando por primera vez, vio el mar. Era como el río, pero sin otra orilla a la que cruzar, y la corriente, según pudo observar, venía a la orilla en vez de ir hacia uno de los lados y la vegetacion era escasa. Para él, todo eran novedades en aquel lugar.
Descalzados los dos, bajaron del carro ya parado, la niña corrió hacia el agua,él se quedó observando la escasez de rocas, la fina arena entre los dedos de sus pies, sintiendo la brisa sobre su basto cuerpo, intentando analizar esa fragancia que solo en la orilla del mar se puede encontrar, escuchando las olas romper en el la orilla... todo eso y mucho más que no podría explicar le tranquilizaron, pusieron su pelo erizado como nunca antes, sintió al cerras los ojos volar junto a aquellas aves blancas y grises de pico largo anaranjado que tanto llamaron su atención.
Abrió los ojos y su padre asintió, corrió sin pestañear hacia la orilla, donde su amiga ya estaba disfrutando del agua, la arena, la playa... envidioso por la soltura de su compañera, metió un pié al agua sin esperar diferencia con la del río, a la cual estaba acostumbrado, y se sorprendió al notar la arena mojada bajo sus pies, sin lodo, moho, ni algas que molestasen el tacto de sus pies, fría también, pero distinta, notaba calor en su interior, y si estaba quieto unos segundos sus pies se empezaban a hundir en la arena, que bajo una capa mojada, estaba seca y era tan sólida como la tierra que pisaba tiempo atrás en las montañas, por eso no se hundía más que unos centímetros, y es que en esos momentos eran todo sorpresas lo que el mundo podía ofrecerle. Metió la mano en el agua, y la sacó con la mano repleta de arena, dejándola caer poco a poco como un chorrito de agua sólida al que observaba perplejo, jugó con la arena mojada, con la seca y las juntó viendo el efecto que tenía una ante la otra, sacó arena del agua y observó muy atento como se secaba al sol, siendo mas sólida y resistente de esta forma y dejando así la forma con que la dejaba caer, se divirtió y sobre todo, aprendió muy rápidamente lo que el mar le podía ofrecer, pero no vio pez alguno, se llevó un poco de agua a la boca y la escupió, llegando así a la rápida conclusión que ningún ser vivo podría vivir en ese agua tan mala en sabor, entonces fue cuando echó de menos el río, de donde podía beber.
Empezó a anochecer y el carretero, junto a su padre terminaron de descargar en su nuevo hogar todo el equipaje, y como ofrenda de agradecimiento, invitaron a éste y su hija a cenar. En la cena, el carretero les ofreció información que llegaba a sus oídos de viejos pescadores, y les recomendó, pescar en la noche, pues los peces se acercaban más a la orilla. Así pues, por la emoción que todos allí tenían, decidieron ir a pescar después de cenar, y lo hicieron, todos, a excepción de la madre cansada que decidió quedarse, montaron en la barca, fueron con las redes, la caña y cebos suficientes para pescar durante un mes. Des afortunadamente, la inexperiencia de la pesca hizo que no todos volvieran. No se metieron muy al fondo, pero la luna llena hizo subir al mar, las corrientes los echaron atrás y un pescado, mas grande del que querían pescar, del cual solo pudieron ver un triangulo plateado pegado a su espalda, los hizo perder a dos de los que partieron en busca de aventuras.
Un carretero no pudo volver, una hija se quedó sin padre, y un hijo vio como su padre murió intentando salvar una vida. A la deriva quedaron los que a partir de aquel momento se consideraron hermanos, sin más comida que unos insectos destinados al uso de la pesca.
Tras tres noches y dos días, un barco los pudo ver y tras una semana, estaban en su casa, con la reciente viuda a cargo de dos criaturas que apenas podía mantener haciendo favores a las casas vecinas y marineros llegados de los siete mares. No tardó la mujer en ser solamente un objeto de marineros, mal mirada en el puerto, barrio y pueblo, con el pequeño en el mar, viniendo de tanto en tanto con el mejor pescado para su familia, y con la pequeña cuidando de la casa, pues no quería que pasara por lo mismo que ella.
La vida no tardó mucho en quitarle a su madre de las manos, y su hermana desapareció sin rastro, quedó con una casa abandonada que no tardó en vender, siendo así el mar su nuevo hogar a su pesar, sin esperanza en vivir un día más, no bajó de aquel pesquero hasta setenta años después.
Fue a parar a la terraza de un apartamento del cual soy vecino, y todos los días en la estación de verano le veo, sin mediar palabra, con los ojos tan enrojecidos como húmedos, mañana, tarde y noche, sin dejar de mirar el mar.


Escrito por: PedrOrtnyo.

1 comentario:

  1. esta historia... no me llega a convencer, la estoy alargando para que quede mas completa^^

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