El novelista es un blog creado tanto para escritores/as como para lectores/as.

Tiene la finalidad de crear un cóctel de microrrelatos, de distintos géneros, creando así una comunidad de relatos cortos para cualquier lector/a.

6.3.11

Una mirada

Avanzaba con miedo hacia las pistas de baloncesto del instituto. Teníamos partido, por lo tanto la inseguridad abundaba en mí.
Con la música rebotando en mis oídos, entré por la puerta trasera del instituto pasando junto a los chicos del equipo que tenía que jugar contra los chicos de nuestro equipo.
Todos eran tan altos, tan bien formados y parecían tan buenos que sentí como mis piernas se debilitaban.
Recorrí con la mirada las canchas para buscar a mi mejor amiga y al verme, ella corrió en mi encuentro. Me abrazó fuertemente y susurrándome al oído me dijo:
-¿Los has visto? ¡¡Están para comerlos a todos!!
-Sí... sobre todo al número 10-dije mirando tímidamente al chico que se cruzó en mi camino al entrar por la puerta.
Fuimos junto a los chicos y empezamos a prepararles. Nadie quería moverse ni calentar dado a que nuestro entrenador no daba señales de vida. Eran las 16:30 y el partido debió de haber empezado a las 16:00. Junto a Lorena, mi amiga, nos dirigimos al árbitro. Estuvimos hablando con él, bueno Lorena estuvo hablando con él dado a que yo no podía quitarle la vista de encima a ese número tan especial. Era alto, pelo castaño claro y su cuerpo mostraba el esfuerzo del gimnasio y del deporte. Unos brazos muy bien formados y una espalda perfecta.
Al cruzar mi mirada con la suya, los colores se apoderaban de mi cara. Me sonrió dulcemente y tras eso, sufrió un golpe procedente del balón lanzado por su amigo.
-¡¡¡Tonto!!!-gritó él en broma golpeando a su amigo. Corrió para pillarlo pero al ver que le llevaba ventaja se paró en seco y con el balón aun en la mano tiró desde la zona de triple. Crucé los dedos para que él consiguiera meterla y por arte de magia, el balón, sin tocar el aro siquiera, fue metido dentro. Sus amigos, al ver lo realizado, empezaron a aplaudir y a gritar.
Tras chocar la mano con un chico de su equipo, me miró suavemente y me sonrió mientras me guiñó el ojo. En ese instante, sentí que el cielo me caía encima. ¡Que guapo era!
Empezaron a jugar el partido y dado a que nosotras jugábamos a las 17:00, me fui a cambiar sin dejar de pensar en él. Lorena, al ver mi sonrisa de oreja a oreja me retó a escribir en un papel mi Tuenti. Conociéndome y sabiendo que nunca me hecho atrás cuando me retan, lo hice. Volvimos a las canchas y cruzando la mirada con el chico del número 10, le dí el papel a uno de su equipo. Media hora más tarde, tras ganarles a los chicos, empezaron a recoger sus cosas para marcharse de nuestro campo. Le miré por última vez para cautivar esa mirada en mi cabeza y no olvidarle jamás. Sin darme cuenta de que me quedé embobada, se acercó hacia mí el chico que recibió mi papel y con una sonrisa pícara me dijo:
-Me dijo que no te preocupes porque te agregará porque le has encantado.
-Ehh... va... vale-contesté ruborizada mientras bajaba la cabeza.
Viendo como se alejaba por esa puerta donde una hora antes había cruzado mi mirada con la suya, le sonreí por enésima vez en ese día y él para no quitarme la mirada empezó a caminar hacia atrás sin dejar de sonreír. Todo parecía tan perfecto hasta que sin saber lo que tenía a sus espaldas, chocó con una farola, lo que hizo que se diera la vuelta para mirar por donde iba.
El mismo día pero por la noche, ansiosa por ver si me había agregado, me metí al Tuenti. Y como se suele decir, si no te arriesgas no ganas, acepté su petición de amistad, abriendo puertas a un posible amor perfecto.



Escrito por: Adina MT.

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