El novelista es un blog creado tanto para escritores/as como para lectores/as.

Tiene la finalidad de crear un cóctel de microrrelatos, de distintos géneros, creando así una comunidad de relatos cortos para cualquier lector/a.

14.3.11

Pero todo lo bueno se acaba ¿No?

-Eres como una personita dentro de una caja, estás en tu mundo y no te importa nada de lo que hay fuera. -Carrie le hablaba dulcemente al oído y al mismo tiempo le apartaba los mechones que se le iban cayendo a su hermana a la cara. - Ojalá yo pudiera hacer eso, Nana, ojalá.
Carrie mecía a su hermana para que se durmiese, pero no lo conseguía, ella con los ojos bien abiertos la observaba desde abajo. Nana, su hermana de cinco años, era autista, autista y muy lista, le gustaba pasar las tardes con ella, ellas tenían un juego, un juego que consistía en cerrar los ojos, mientras Carrie pasaba sus manos por la cabeza de la niña, por su pequeña nariz, bordeaba su boca y Nana hacía lo mismo. Eso las tranquilizaba.
Nana tenía dos pequeños ojos marrones y estos estaban rodeados de pequeñas pecas de panecillo integral.
¿Pero todo lo bueno se acaba no?
Sucedió una tarde de primavera, el sol resplandecía y las nubes estaban escondidas, no querían que el cielo las viese. Parecía que el tiempo no sabía lo que iba a pasar, justamente como Carrie. El timbre de la escuela sonó y Carrie se acercó a la puerta para ir a recoger a su hermana, ella sabía que su hermana siempre tardaba en salir, siempre había sido muy lenta, recogía todo a último momento y se esperaba a que su profesora cerrara la puerta para comprobar que nadie podría entrar y le robaran sus cosas.
-Vamos Nana, que hoy tengo prisa.
Dijo su hermana un poco molesta, hoy Carrie había quedado con alguien y no quería perderse su cita por ir a recoger a su hermana. Ella cogió rápidamente a Nana de la mano y la estiró hacía la puerta para que caminara más y más rápido pero ese día Nana estaba cansada y no quería caminar. Salieron del colegio y pasaron por la parada de autobús donde siempre había un hombre vendiendo globos, globos de todos los colores, grandes, pequeños, con formas... Si no hubiera tenido aquella cita Carrie se hubiera esperado, se habrían parado a observar los globos, incluso ella le habría comprado uno, el que más le gustase... Seguro que hubiera sido el azul, el color preferido de Nana.
Pero ese día no fue así.
-¡Carrie cómprame un globo!
Dijo Nana, parándose delante de aquel señor, Carrie miró a el señor de los globos, le recordó a un dibujo animado que solían hacer los domingos por la mañana, era bajito, regordete y con los mofletes colorados.
-No, hoy no Nana, vamos a casa.
Pero para ella, esa contestación no bastó.
-¡Carrie, quiero un globo!¡O mejor! -dijo la niña distraida, momento que Carrie aprovechó para caminar - Cómprame muchos globos, y así podremos volar, podremos colgarlos del tejado de la casa y que vuele...
Nana caminaba feliz, sin darse cuenta de que se estaba alejando de sus preciados globos, todo iba bien, hasta que el ruido de un globo al pincharse la sacó de un salto de aquel sueño, de aquella caja en la que ella estaba.
-¿Carrie? - dijo ella mirándola desde allí abajo- ¿Y los globos?
Ya se habían alejado de la parada, cosa que a Nana la enfadó mucho.
-¡Carrie, quiero uno!
-¡No, Nana tenemos que ir a casa!
Dijo ella chillando, Nana odiaba que le chillasen, se soltó de la mano de Carrie y empezó a correr, corrió calle abajo, como nunca lo había echo, parecía que había salido de la caja y que la había roto para siempre.
Carrie la seguía, asustada, no podía alcanzarla y ocurrió.
Nana dobló la esquina y cruzó la calle.
El coche no paró.
Carrie oyó aquel ruido, aquel ruido que no le abandonará ni aunque su vida durase mil años, aquel ruido que la visita cada noche, que le atormenta cada mañana, cada vez que se acuerda de Nana.



Escrito por: Mireille Nolan.
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